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«Esto es un Curso de Milagros, por favor toma nota»:
hablamos del libro que ha acercado los principios fundamentales de la espiritualidad universal al mainstream.

Publicado en 1976 por la Foundation for Inner Peace, el escrito empezó divulgándose principalmente en ambientes clínicos y académicos hasta su aparición en 1992 en The Oprah Winfrey Show, momento en el que se dio a conocer al gran público.


(Escrito en abril de 2021)


«I always knew I was a prophet, but I couldn't find a decent job». En Drug Dealers Anonymous Jay Z se vanagloriaba junto a Pusha T del pasado de ambos como street hustlers. Para ello, el rapero de Brooklyn hacía suyas tres líneas clave de Un curso de milagros, las mismas que Beyoncé utilizó para su tema All Night (Lemonade, 2016). Sin embargo, a pesar de la mención de los Carters y de ser considerado una de las obras espirituales más importantes de los últimos tiempos, su nombre sigue envuelto en cierto halo de misterio y controversia.

Definido de manera simplona como «biblia esotérica» por The New York Times, Un curso de milagros es un programa de autoaprendizaje y desarrollo espiritual. No está relacionado con el cristianismo a pesar de su lenguaje, ni busca seguimiento aunque se haya intentado convertir en un culto. Tampoco te vende la fórmula del éxito y la felicidad a través de la realización personal como hacen los gurús del coaching y el movimiento Nueva Era. Lo que enseña es muy simple y se resume en tres frases: «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios».

Escrito entre 1965 y 1972 por Helen Schucman y William Thetford, ambos psicólogos e investigadores clínicos en el Columbia-Presbyterian Medical Center de Nueva York, el Curso surgió en un momento de revolución cultural. Más allá de la música y la psicodelia, temas como el yoga, la astrología, el budismo, el tarot o el I Ching se pusieron de moda. Diferentes discursos y prácticas religiosas se mezclaron por aquel entonces con otras más profanas o esotéricas, creando una amalgama de creencias e identidades asociadas a la contracultura cuya confusa sombra se extiende hasta nuestros días.

Lejos de las alucinaciones egotistas de Timothy Leary y los festivales de música, Helen y William, cansados de tensiones en su relación laboral se hicieron la pregunta clave: «Tiene que haber otra manera de vivir». Poco después Helen empezó a escuchar una voz interna -que se identificó como Jesús- la cual le ordenó: «Esto es un Curso de Milagros, por favor toma nota». Su petición había sido contestada. Para Schucman, judía atea, este suceso fue difícil de encajar, y solo lo pudo sobrellevar con la ayuda de Thetford, quien le sugirió que transcribiese lo que «la Voz» le dictaba para ver si tenía algún sentido. Y lo tuvo.

Durante los siguientes siete años Helen y William trabajaron juntos en la escritura del libro. Cada mañana, ambos se reunían en la oficina de William para transcribir y revisar las notas que Helen había tomado durante la noche. En 1972 se les uniría otro psicólogo, el Dr. Kenneth Wapnick. Fascinado por el manuscrito, Wapnick les ayudó a corregir y dar forma final a los tres volúmenes que componen el Curso: texto, libro de ejercicios y manual para el maestro. La decisión de compartir con más gente el escrito la tomaron en 1975, tras conocer a Judith Skutch. Fue ella quien, junto a su marido Robert, fundaría la Foundation For Inner Peace.

La primera edición del Curso fue una producción offset de tapa blanda con el manuscrito impreso en cuatro volúmenes separados. De aquella versión se hicieron un total de 300 copias, las cuales fueron pasando de mano en mano entre universitarios y docentes. Al ir creciendo la demanda y guiados en todo momento por «la Voz», los cuatro acordaron sacar la edición de tapa dura que conocemos hoy. A pesar de recibir varias ofertas editoriales, decidieron publicar y distribuir el libro a través de la propia fundación. De ese modo, el 22 de junio de 1976 se publicaba una primera tirada de 5.000 ejemplares.

Un año después de su publicación, una veinteañera algo perdida de Houston, Texas, se encontró una copia del Curso en el salón de una casa de Nueva York donde asistía a una fiesta. En ese momento a Marianne Williamson no le convenció el libro; la terminología cristiana no encajaba con su judaísmo. Pero poco después volvió a acordarse de él en plena crisis vital. Según ella, el Curso fue el camino de salida del infierno personal de «chicos malos y drogas» por el que estaba pasando.

Tras años enseñando UCDM en una cafetería de Texas, a finales de la década de los ochenta se instaló en Los Angeles, donde empezó su trabajo como activista, centrándose especialmente en la comunidad gay afectada por el VIH a través de las fundaciones Centers for Living y Project Angel Food. Poco después le llegaría el éxito editorial gracias a A Return to Love: Reflections on the Principles of A Course in Miracles (1992), el primero de 13 libros de autoayuda basados en los principios de Un curso de milagros.  

Conocida como la consejera espiritual de Oprah Winfrey -quien dijo haber experimentado 157 milagros después de leerse el debut de Williamson- y apodada «Guru to the Glitterati» por la prensa tras oficiar la boda de Elizabeth Taylor y Larry Fortensky en 1991, la opinión pública ha sido -por lo general- bastante prejuiciosa e incluso cruel con ella, considerándola una superestrella del «woo-woo» (manera despectiva con la que los norteamericanos llaman a todo lo que huela a Nueva Era).

Partidaria de Jacinda Ardern, en 2019 presentó su candidatura a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata apoyada -entre otras celebridades- por Kim Kardashian, Nicole Richie y Katie Perry. Aunque las «políticas del amor» de Williamson no terminasen de convencer a los votantes queda la duda: ¿Es posible presidir un país como Estados Unidos aplicando los principios de Un curso de milagros? Desde la Fundation for Inner Peace aclaran que, aunque compatibles, el Curso no tiene nada que ver con ningún partido político ni pretende cambiar el mundo, pues este solo opera al nivel de la mente. A ese nivel, eso sí, si todo el mundo lo practicase otro gallo cantaría.

Si bien es cierto que Marianne Williamson ha popularizado UCDM -aunque no esté relacionada con la FIP ni con la escritura del libro-, es la historia de Helen la que nos da la clave para entender el verdadero propósito del mismo. Al final, lo de escuchar una voz interna no es algo tan paranormal como a priori pueda parecer, ya que esa voz no se escucha a través del sonido, sino a través de eso que llamamos intuición. Esa es la esencia de todas las religiones. Solo cuando dejamos de identificarnos con el sistema de pensamiento del Ego -o conciencia fragmentada- tenemos acceso a esa inteligencia de la que todos formamos parte.

Decía Albert Einstein que «la ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia está ciega». Aún así seguimos enfrentándolas. Es en esa contraposición precisamente donde más nos podemos identificar con Schucman. Nacida el 14 de julio de 1909 en Nueva York, Helen nunca se consideró una persona mística. Tras buscar sin éxito a Dios siendo niña, de adulta pasó del agnosticismo al ateísmo rabioso típico de los intelectuales. Aburrida de trabajar en las librerías de su marido Louis, en 1952 -con 43 años- se matriculó en psicología. Fue al terminar la carrera cuando un conocido la puso en contacto con Bill Thetford -entonces director del programa de psicología del hospital Columbia Presbyterian- quien la contrató para su departamento, dando comienzo a esta historia.

Debido a su mentalidad científica, las dudas sobre la autoría de «la Voz» siempre la acompañaron,  nunca entendió el proceso ni supo dar una respuesta determinante a la canalización del libro. Intentó negarse a hacer la transcripción. Desempeñó su cometido a regañadientes, consciente de lo que hacía pero sin posibilidad de modificar lo escrito. Tras su publicación, Helen decidió pasar a un segundo plano; rara vez se involucró en la divulgación y enseñanza del Curso -como sí hicieron Thetford, Wapnick y Skutch- y no quiso figurar como autora del mismo hasta después de su muerte. Esta finalmente le llegó el 9 de febrero de 1981 por complicaciones derivadas del cáncer de páncreas que padecía.

Con más de tres millones de copias en circulación por todo el mundo y habiendo sido traducido a 27 idiomas, a día de hoy UCDM sigue siendo algo inextricable y polémico. La idea de que Jesús de Nazaret se manifestase en pleno siglo XX a través de una psicóloga de Nueva York para aclarar su distorsionado mensaje suena a locura, pero el texto no lo es. Puede que su éxito se deba en parte a la difusión que Marianne Williamson ha hecho del libro a través de su obra, pero lo cierto es que entender su relevancia tampoco requiere de mucho análisis; el miedo arrecia y todos en el fondo anhelamos recordar el verdadero significado de amar y perdonar.